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martes, 27 de marzo de 2012

“LA CORRESPONDENCIA ENTRE REYES Y DÍEZ-CANEDO POR AURORA DÍEZ-CANEDO

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***La doctora en historia por la UNAM ofreció una charla en la Capilla Alfonsina en el marco del ciclo Cuestiones Alfonsinas

***La serie de conferencias ha sido organizada por el Conaculta, a través de la Coordinación Nacional de Literatura

Como parte del ciclo Cuestiones Alfonsinas, la doctora en historia por la UNAM, Aurora Díez-Canedo ofreció el martes 30 de agosto en la Capilla Alfonsina la conferencia La relación entre Alfonso Reyes y Enrique Díez-Canedo. El evento fue organizado con motivo del centenario de la ópera prima de Alfonso Reyes,Cuestiones Estéticas, por el Conaculta a través de la Coordinación Nacional de Literatura.

"La correspondencia entre ambos, Alfonso Reyes y Enrique Díez-Canedo, permite reconstruir una relación que duró 25 años, atravesada por circunstancias muy diversas. También hay que considerar las dedicatorias mutuas de sus respectivos libros; los textos, sean artículos o reseñas, que cada uno escribió sobre el otro en distintas ocasiones. Y ahora que están siendo publicadas y estudiadas tantas correspondencias de contemporáneos suyos, es posible conocer mejor cómo vivieron", aseveró la nieta del escritor y crítico español Enrique Díez-Canedo.

Durante su participación, la doctora recordó que es conocida la amistad que se dio entre Reyes y Díez-Canedo, "si bien en México predomina la etapa del exilio republicano español debido a la cantidad de estudios sobre esta inmigración que tuvo lugar durante la presidencia de Lázaro Cárdenas desde el año 1938, años que en lo que atañe a la relación entre el ensayista mexicano y el crítico español, no son los mejores a pesar de todo lo que significan".

       Recordó que Díez-Canedo llegó a México "muy afectado por la guerra en España y Reyes. Después de muchos años fuera de su país, volvía de la embajada en Brasil para hacerse cargo justamente de la institución ideada para acoger a los intelectuales españoles: la Casa de España en México, donde tendría que lidiar con una gran cantidad de problemas relacionados con la llegada e integración de aquellos y sus familiares al medio mexicano.

       A muchos de estos españoles los conoció Alfonso Reyes en plenitud, los de entonces eran tiempos difíciles y de desánimo entre los exiliados y Reyes tenía que resolver cuestiones prácticas y muchas veces enfadosas con tal de ayudarlos.

       Además, si la diferencia de edad entre los dos amigos no había tenido antes mayor importancia, ahora se notaba: Díez-Canedo llegó a México poco antes de cumplir 60 años y Reyes tenía en 1938 sólo 49".

       Profesora de Historiografía de México e integrante del Seminario de Teoría de la Historia e Historiografía del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, Aurora recordó entre otras cuestiones que la Capilla Alfonsina fue bautizada así por Enrique Díez-Canedo y citó situaciones que compartieron los dos amigos como el deseo que ambos tenían de tener tiempo para ordenar la obra propia.

       Habló también del último libro al que su abuelo se dedicó de lleno en México: Juan Ramón Jiménez en su obra, que no alcanzó a ver publicado pues murió el  6 de junio de 1944.

       Aurora Díez-Canedo, quien se encuentra trabajando en el rescate de textos literarios, periodísticos e historiográficos de Don Enrique Díez- Canedo, comentó que complementada con las notas del Diario de Reyes y con otras cartas, “la correspondencia entre Reyes y Díez-Canedo, a pesar de su asimetría, interrupciones y faltantes, sirve como hilo conductor de una relación con mucho trasfondo, llena de vicisitudes y cambios de escenario.

       Abarca no sólo preocupaciones de tipo intelectual o literario, sino asuntos relacionados con el periodismo, la diplomacia, la guerra, el PEN Club, la vida política y familiar, un círculo grande de amistades y conocidos, y dentro de este tejido apretado, la realización de proyectos personales de cada uno como la publicación de un  nuevo libro. También, la expectativa ante una nueva responsabilidad o puesto, las oportunidades de viajar casi siempre con alguna misión de carácter cultural, como fue el viaje de Díez-Canedo a México en 1932.

       Durante su charla se refirió a varios temas como las amistades mutuas de ambos escritores y concluyó: "La afición por coleccionar libros y el gusto por los libros mismos también era algo en que se identificaron Reyes y Díez-Canedo. No era una afición de bibliófilo, al menos en el caso de Díez-Canedo, sino más bien de críticos, estudiosos, lectores, guías y ordenadores de la literatura como forma de expresión eminentemente humana y de las tradiciones literarias."

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